sábado, 26 de junio de 2010

No aprecio lo suficiente los días de vacaciones. Pero basta echar la vista atrás para recordar aquellos desesperantes domingos de estudio, para volver a sonreír ante la posibilidad de poder hacer infinidad de cosas o ninguna. Todo depende de mi.

1 comentario:

Mauricio P. Milano dijo...

Claro, la gracia está en tener la potestad de decidir qué hacer con el tiempo, en lugar de subordinarlo todo al estudio!! Lo entiendo a la perfección ;)